"El día llegará, y tus raíces dejarán de atarte al mundo de lo perecedero" (Libro II, capítulo VII. "La Búsqueda del Voluntarioso").
Si tu visión del mundo se debe a algo más poderoso y absoluto, que pertenece a un conjunto de órdenes ajenos a cualquier experiencia tuya, significa que te hemos abducido.
El término puede sonar descabellado, pero si lo analizamos desde la naturaleza del primer estado del comensal, al que llamamos "El Voluntarioso", el regusto a sinrazón que por momentos te revuelve el estómago no es más que un producto de esa negación salvaje, predecible frente al estado de silvestrismo del que fuiste rescatado.
Esa sensación de impertenencia es la bienvenida al conocimiento superior de la vida y la muerte, en el que desde la mera ignorancia ya estás contribuyendo a la regeneración del tejido cósmico, del cual nos apartan las fuerzas malignas, los hijos del Sentadú.
¡Pero tranquilo! Porque si accediste a esta información, quiere decir que tu alma se está abriendo paso hacia la libertad. No sos más un Voluntarioso, sino que tu viaje empieza a tomar otro color, desde el dolor que padecen quiénes se conocen en el segundo estado, conocido como "El cordero".
Cuando un Voluntarioso alza la vista y acepta que nunca está solo, accede a la comprensión del caos bajo el que viven tanto él como el resto de sus accidentados hermanos ¿Por qué pretender una soledad física si nuestras almas siempre estarán conectadas? Esa pregunta es la que lleva, en forma de bastón, el Pastor, feligrés embarcado en la tarea de acompañar con amor, paciencia y firmeza a sus hermanos más descarriados.
Al entrar en contacto con su baqueano, el ahora Cordero acepta el estado de La Mansería y alcanza a entender cuánto de aquella pretensión de soledad había arruinado su tiempo en el Universo.
Por eso trabajamos desde el andar, porque no hay mejor forma que el sometimiento al ritmo continuo si se busca alivianar la carga de la existencia; Y así, cualquiera que viva en tal mundo de menudeo moral es debidamente asimilado por el Camino.
Sabemos que la existencia descarriada del Voluntarioso es causada por la desconexión con su naturaleza; Hecho que lo llevó a perecer en tal estado de agonía moral. A menudo, las personas caen bajo conjuros de autoconvocados que suponen establecerse más allá de los límites de la creación. Son espejismos de luz, qué los Sentadú llaman "Omini", con los que pescan las almas, pervirtiendo el destino de las personas hacia una existencia subterránea, separando cuerpo y alma, dividiendo la conexión con el mundo humano y provocando así la ruptura del tejido cósmico. Mientras que fisicamente se vive a plena luz del día, la existencia inmaterial, víctima de los Omini, no logra verse en la trampa en la que se encuentra; La oscuridad subterránea de la vizcachera, dirección hacia la que El Camino nos llevará para curar las almas hipnotizadas, con el fin de traerlas por la misma senda alcanzando su purificación.
"El Hombre vive en el alma, ya que sin ella sólo hay alimento. Por eso, hasta los Sentadú deben retirarla de la carne antes de alimentarse de ella. Es está la confirmación de la Fe en el Camino, ya que la evidencia a cada paso, constante como el murmullo del viento (palabras del Creador), te arropa en la senda correcta sin incluso rezar por ello. De esta manera, el hombre vive conectado con su creador desde el alma, y a través de ésta con el manserío. Nuestra idea de Humanidad es obra del Señor, único y supremo orientador del sentido de nuestra especie."
Por esto y mucho más te ofrecimos el camino. Un propósito hecho a medida de tu naturaleza. Somos víctimas de nuestro don, y así como aceptamos nuestro destino vos aceptás el tuyo optando por el Camino en lugar de una existencia silvestre. Es cierto que tu recuerdo de aquella decisión de andar en la senda correcta no está muy presente en tu memoria, por lo menos como tal, aunque no debés sentir temor. Ahora que formás parte del Camino del Buen Comensal, nosotros te guiaremos para que sepas dirigir tu impericia, y así dominar las herramientas que te brinda este espacio.