La Voz de la Tierra

"Al caer la noche de los justos, quienes no comprendan su llamada no serán bienvenidos a la cena. Entender la causa es aceptar el sufrimiento de nuestro Señor". ( Libro Último, capítulo final "El Ocaso Animal")

Tras las demostraciones de grandeza del Máximo en diferentes puntos de su planeta, no quedan más excusas para aquellos que eligen esconderse detrás de vaguedades, en lugar de someterse al sentido común emanado por el Creador. El vacío moral al que estamos acostumbrados está empujando a que su amor se exprese en formas correctivas, que muchos voluntariosos podrían identificar como actitudes fruto de la decepción. Cosa más incierta no hay, además de blasfemante y ridícula, ya que en el fondo de nuestros corazones, por más díscolos y autistas que intentemos ser, sentimos a diario el regocijo de la compañía de nuestros hermanos y de las verdades del Camino.
Lo acontecido en Haití, Chile, Portugal, España y Francia son distintas expresiones de la misma fuente. El uso inadecuado de nuestra presencia en el mundo de Él, anteponiendo vicios individualistas por encima de la realidad común e igualadora de la verdad. Hoy en día, la montaña y el desierto nos cobijan de las consecuencias -predecibles de andar en la senda correcta- y nos devuelven una mirada de reconocimiento. El Camino nos hace buenos comensales aceptando tanto la abundancia como la escasez mientras que el sufrimiento de nuestros hermanos sobrevivientes nos llama a compartir los frutos de nuestra prudencia. Virtud que cura heridas a la vez que responde preguntas incontestables para quienes viven en la incerteza de los Omini. 
Nuestro creador se encarga de darnos la llave de los corazones de los descarriados, y quienes hayan caído en sacrificio no lo habrán hecho en vano si actuamos en Su nombre y en Su ley. 
Oremos por los voluntariosos sacrificados en pos de la reconstrucción moral del planeta y tomemos estas horas como parte de una aprendizaje para las generaciones futuras, especialmente en Haití, fuente ancestral de Ominis de la que no podían librarse hasta hoy, si les hacemos llegar un mensaje de amor igualador junto con las misiones humanitarias. Tu sufrimiento es mi virtud y ésta tu salvación.

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