La Mansería

"Y una vez, con el alma hervida del sol, el cordero comprendió su propósito, designio del Señor. La oscuridad requiere alertas que nos llevan a lo inmediato. La clave para ver la verdad es la luz. Vive tu manserío con calma, ya que la desesperación es de las presas y no del cultivo. Así fue como la gruta pasó al olvido para abrir paso a la revelación. Hermano de todos, alimento de nadie." (Libro II, Capítulo VIII. "Los Pasos Pendientes").


A todas horas, somos víctimas de anuncios desesperanzadores. Grandes cantidades de iluminados se vuelcan a echar sobre nuestros hombros la inmensa responsabilidad de solucionar problemas que ellos crearon. Estos desvirtuadores pretenden acceder a un atril moral que les permita pervertir la naturaleza del grupo. Este tipo de situaciones nos arrojan a un desafío diario al que nuestra fe debe sobrevivir. A causa de este bombardeo pseudoideológico, teñido de lucidez espiritual, muchos voluntariosos no logran incorporarse a la verdad revelada por el Camino.

Este es el primer tipo de Omini, o espejismo de luz, al que enfrentamos activamente para contrarrestar la tergiversación de nuestra doctrina, única voluntad de nuestro Señor.

El atril de los descarriados es una manipulación de la naturaleza humana, que utiliza el estado primario del ser para obtener una situación de poder terrenal con la que creen desafiar lo absoluto. La verdadera cura para el sentir agitado de un voluntarioso es El Muro Sagrado, verdad que los Sentadú conocen a consciencia y que intentan enrarecer.

Quienes no hayan sido introducidos en el Camino desde un lugar más profundo, deben conocer esta herramienta imprescindible para la curación del alma. La técnica requiere voluntad, sacrificio y sumisión al orden supremo.

Se debe cumplir un ayuno de siete días, para posteriormente llevar a cabo una excursión en una senda empinada y lo más recta posible. El grupo tiene que liderarlo un pastor que, con cierto apego a la vehemencia, logre encaminar en ritmo y forma constantes el andar una senda, de no más de quince kilómetros, que culmine en una pared preferiblemente rocosa, la cual haya sido bendecida adecuadamente por un Maestre Mayordomo en el ritual de Conversión Rupestre.
Durante el trayecto, los voluntariosos con ánimos de cordero harán una exposición fiable de todos sus pensamientos, sean éstos puros o impuros, hasta llegar al punto de la disfonía.
Una vez en El Muro Sagrado, previamente pintado a la cal, la manada deberá continuar expulsando toda forma de individualidad perversa con el fin de limpiarse del Omini de los descarriados. El pastor será quien evalúe los términos de la curación, dirigiendo la ceremonia y cerrando la limpieza de los corderos uno a uno. Cuando él crea conveniente elevará su bastón y, mirando fijamente al individuo que haya elegido, golpeará el muro tres veces. Cuando esto suceda con todos los hermanos habrán obtenido el privilegio de compartir el refrigerio preferido del Máximo: Una Blakta. Alimento a base de harina de trigo con nueces, sal y azúcar, a manera de bastón formado por dos tiras entrelazadas, recubiertas por una película vegetal. Todos comerán una porción de la mano del Pastor, para dar paso a lo que llamamos Hermanamiento -acto que consiste en besarse y tocarse la cara por lo menos una vez con cada voluntarioso, que finaliza en un abrazo grupal en el que se agradece al Señor cantando "Tú eres mi camino"- y así emprenderán la vuelta liberados de todo engaño.

Anímense a compartir estas vivencias con sus hermanos, ya que sin paz del vecino no hay herramientas que sirvan para alumbrar el Camino. Sean el ejemplo.